El paraíso perdido
El paraíso perdido ¿Con quién habré de conversar pues yo,
Sino con criaturas que yo he hecho, a mí
Inferiores infinitos escalones por debajo
De lo que otras criaturas son respecto a ti?”.
»Cesó; humilde respondí: “Para alcanzar
La altura y la profundidad de las eternas sendas
Toda humana mente desfallece, oh Supremo.
Perfecto eres tú en ti mismo, y en ti
No existe deficiencia; no así es el hombre,
Grado a grado crece, lo que es causa del deseo
De curarse —departiendo con iguales—
O alegrarse las carencias. Tú no necesitas
Propagarte, siendo ya infinito como eres
Y absoluto en todo número, aunque Uno;
Mas el hombre manifiesta por el número
Su individual imperfección, y engendra
Otros a él iguales, su multiplicada imagen,
Defectuosa en la unidad, lo que requiere
Mutuo amor y profundísima amistad.
Tú en tu misterio, aunque estés en soledad,
Tienes en ti mismo insuperable compañía
Y no buscas otra relación; mas, si te place,
Puedes elevar tu criatura a la altura que desees
De unión o comunión, deificándola.
Yo por mero conversar no puedo alzar
A éstos de su estado, ni tener contento en su tenor”.