El paraíso perdido
El paraíso perdido Audaz, hablé así, usando la otorgada
Libertad, y hallé favor, que me ganó
Esta réplica de la clemente Voz Divina:
»“Probarte, Adán, hasta ahora me ha placido
Y te hallo sabedor no sólo de las bestias,
Que nombraste bien, sino también de ti,
Pues manifiestas el espíritu que es libre en tu interior,
Mi imagen, no impartida al bruto,
Cuya compañía es para ti por ello inapta;
Buena tu razón, que de este modo, libre, la rechaza:
Piensa siempre así. Mas antes de que hablases
Ya sabía yo que soledad no es para el hombre,
Y no es esta compañía que hoy has visto
La que tienes destinada; por probarte la he traído,
Para ver si juzgarías de lo apto y lo oportuno.
Lo que traiga luego ha de gustarte, ciertamente,
Semejanza tuya, tu apta ayuda, tu otro yo,
Tu deseo, de tu corazón exacto anhelo”.
»Cesó, o quizá no oí yo más, ya que ahora,
Por su Celestial mi terrenal vencido[264],
Que bregase tanto desde abajo hacia su altura
En aquel sublime parlamento empíreo
Como con objeto que supera su sentido,
Deslumbrado y roto, se hundió buscando sueño