El paraíso perdido
El paraíso perdido Confortante, que al instante me asaltó, llamado
Para alivio por Natura, y cerré mis ojos.
Mis ojos él cerró, dejando abierta la celdilla
De la fantasía, mi visión interna, con la que aquellado
Como en trance creí, durmiendo, que veía,
Allí donde yacía, y vi la forma
Aún gloriosa, ante la cual me alcé despierto,
Que, inclinándose, me abrió el costado izquierdo
Y tomó costilla de él, caliente de cordiales hálitos
Y efundiendo sangre viva. Ancha fue la herida,
Pero pronto se curó llenándose de carne nueva.
La costilla modeló él con propias manos:
De sus manos formadoras una criatura vi surgir,
Al hombre parecida, de otro sexo, tan hermosa
Que lo hermoso de este mundo parecía ahora
Miserable, o resumido en ella, en ella contenido
Y su figura, que ya desde ese instante me infundió
En el ánimo dulzor, desconocido antes,
Y que a toda cosa le inspiraba, con su gracia,
El espíritu de amor y de amorosa dicha.
Se esfumó ella, me dejó a oscuras, caminé
Por encontrarla, o para siempre lamentar