El paraíso perdido
El paraíso perdido Su pérdida y demás placeres abjurarlos todos[265];
Cuando, ya sin esperanza, la vi no lejos,
Tal como la viera yo en mi sueño, adornándola
Aquello que la Tierra toda o Cielo daban
Por hacerla más preciosa: ella vino,
La guiaba su celeste Autor, aunque invisible,
Llevándola su Voz, no inculta
En los ritos maritales y la santidad nupcial:
Gracia poseía en cada paso, cielo su mirar,
En cada gesto dignidad y amor había.
Exultante e incapaz de contenerme, dije fuerte:
»“Esto sí me restablece, has cumplido
Tu palabra, Creador benigno y generoso,
Donador de cosas bellas y, aunque éste es el más bello
De tus dones, no me lo rehúsas. Veo ahora,
Hueso de mi hueso, carne de mi carne, a mi ser
Ante mí: su nombre sea mujer, del hombre
Extraída; por su causa dejará él
A padre y madre para unirse a ella,
Y serán la misma carne, alma, corazón”.
»Ella oyó mis efusiones y, si bien divina,
Su inocencia y virginal modestia,
Su virtud y la consciencia de su mérito,
Que requería galanteo, no indolente entrega,
Que no imprudente, no atrevida, reservada era,