El paraíso perdido
El paraíso perdido De la procreación, común a toda especie
(Aunque mucho más excelso el lecho conyugal,
Con misteriosa reverencia, yo lo estimo)
Me deleita tanto, como esos actos oportunos,
Esas mil delicadezas que día a día fluyen
De sus hechos, sus palabras, llenas de amor
Y dulce acuerdo, que declara no fingida unión
De mente, o un alma sola en ambos:
Armonía más encantadora en pareja maridada
Que el sonido melodioso lo es para el oído.
Éstos, sin embargo, no esclavizan; te revelo
Lo que siento dentro, no por ello dominado:
Yo, que topo con objetos varios que me muestran
Los sentidos variamente, pero, libre siempre,
Lo mejor apruebo y lo que apruebo sigo.
Amar no me reprochas; pues amar, afirmas,
Lleva al Cielo, a la vez camino y guía;
Sé paciente pues conmigo, si pregunto lícito:
¿No aman los Espíritus celestes? ¿Cómo expresan
Ese amor, con sus miradas solamente
O mezclando su fulgor, virtual contacto o inmediato?».
A lo que el Ángel, con sonrisa que vertía
Celestial rubor, de amor el tono propio,
Repuso: «Bástete sabernos venturosos
Y en ausencia del amor no existe dicha.