El paraíso perdido
El paraíso perdido Lo que tú de puro en el cuerpo gozas
(Y creado puro fuiste) lo gozamos los Espíritus
En eminencia, sin obstáculo ninguno
De membrana, miembro o hueso, excluyentes trabas:
Más que el aire con el aire, si los Ángeles se abrazan,
Se fusionan por completo, uniéndose pureza
A lo puro que desea; no requieren medio restringido,
Como carne que con carne se combine, o alma y alma.
Más no puedo ahora; el Sol, que parte más allá
Del verde Cabo de la Tierra e islas verdecientes[267],
Héspero[268] se pone señalando mi partida.
Sé feliz, sé fuerte, ama, y sobre todo
A aquel a quien amar es someterse, y guarda
Su precepto grande; cuida que pasión a juicio
No le imponga un acto que tu libre voluntad
Rechazaría: la fortuna o infortunio
Tuya y de tus hijos en ti yace: ¡cuida!
En tu perseverancia yo me gozaré
Y todos los Benditos. Tente firme, pues tenerse
O caer reposa sólo en tu libre arbitrio.
Perfecto dentro, no demandes patrocinio externo;