El paraíso perdido
El paraíso perdido No más charla en que Dios o Ángel convidado,
Como amigo con amigo, familiares se sentaban
Con el hombre, indulgentes, compartiendo
Rústico festín y permitiéndole entre tanto
Parla leve y excusable. Trágicas serán las notas
Que ahora evoque: sórdido recelo y desleal
Ruptura por la parte humana, rebelión
E inobediencia; por la parte de los Cielos,
Ahora extraños, lejanía y desafecto,
Ira y justa represión, y juicio pronunciado
Que a este mundo trajo un mundo de dolor,
Pecado y Muerte, sombra de éste, y miseria,
De la Muerte heraldo. Triste empresa, mas cuestión
No menos sino más heroica que la cólera
Del hosco Aquiles, persiguiendo a su rival
Tres veces fugitivo en torno al murallón de Troya[269];
O la rabia en Turno por Lavinia[270] descasada,
O la ira de Neptuno[271], o bien de Juno, que sumió
Al griego en desconcierto y al hijo de Afrodita,
Si un estilo pertinente puedo conseguir
De mi patrona celestial[272], que me dispensa
Insuplicada su noctivaga visita