El paraíso perdido
El paraíso perdido Insoportable. O deberé vivir aquí,
En solitud salvaje, en algún oscuro calvijar,
Donde árboles altísimos e impenetrables
A la luz de estrella o Sol extiendan su sombraje vasto,
Pardo cual atardecer: cubridme pinos,
Y vosotros cedros, con ramaje innumerable
Ocultadme, donde nunca vuelva a verlas.
Mas ahora en este apuro, resolvamos
Qué mejor nos servirá para esconder,
Uno de otro, esas partes que parecen
Vergonzantes y se ven mal parecidas:
Hojas de árbol anchas, tersas, que tejidas entre ellas
Y ceñidas a nosotros, cubran nuestro talle
Y partes medias, que este intruso, la vergüenza,
No las vea, llamándonos obscenos».
Así lo aconsejó, y juntos penetraron
En lo espeso de los árboles. La higuera pronto allí
Escogieron; no ésa renombrada por el fruto,
Sino una conocida por los indios hoy en día,
En Malabar y en el Decán[286], y que sus brazos tiende
Aparrándose ancha y larga, hasta que en el suelo