El paraíso perdido
El paraíso perdido Arraigan las combadas ramas, e hijas crecen
Rodeando al árbol madre: sombra encolumnada
De alto domo y ecoantes corredores entre medio.
El boyero indio ahí a menudo, del bochorno huyendo,
Se protege al fresco y cuida de sus reses
Por troneras infligidas a la fronda: esas hojas
Recogieron, anchas como adargas amazonias,
Y con arte —el que tuvieran— las tejieron entre ellas
Por ceñirse la cintura, vana cobertura para culpa
Y tan atroz vergüenza: ¡qué distinto de la prístina,
Desnuda gloria! De éstos, no hace mucho,
Encontró Colón en las Américas, cubiertos
Con plumoso cinto, por demás desnudos y salvajes,
En los bosques de las islas y arbóreos litorales.
Así amparados y, pensaban, su vergüenza en parte
Revestida, pero no en reposo ni serenos,
Se sentaron a llorar. No sólo lágrimas
Llovieron de sus ojos: peores vendavales dentro
Empezaron a soplar, pasiones fuertes, ira, odio,
Desconfianza, suspicacia, desacuerdo, sacudiendo