El paraíso perdido
El paraíso perdido Las que tiene, en toda dignidad real. Adornada
Estaba, ciertamente, y era hermosa para despertar
Tu amor, no sometimiento, y sus dones
Eran tales que pedían buen gobierno,
No hecha ella para el mando, que era tu tenor
Y tu persona, si te hubieras conocido bien».
Y dicho esto, a Eva parco se volvió:
«Di mujer, ¿qué es lo que has hecho?».
A lo que Eva triste, abrumada de vergüenza,
Confesando pronto, pero no locuaz ni ya atrevida
Ante su Juez, así contrita respondió:
«La Serpiente me engañó y yo comí».
Que, en cuanto Dios lo oyó, sin más demora
Procedió a juzgar a la Serpiente incriminada,
Aunque bruta, incapaz de transferir
La culpa a quien hiciera de ella su instrumento
De maldad y depravase el propósito
De su creación: maldita con justicia entonces
Por viciada en su carácter; más no concernía
Al hombre conocer (pues no sabía más)
Ni alteraba su infracción; mas Dios al fin
A Satanás, primero en el pecado, dio sentencia,
Aunque en términos ocultos, que juzgó mejor:
Y sobre la Serpiente así dejó caer su maldición:
«Pues esto has hecho, quedas tú maldita