El paraíso perdido
El paraíso perdido Postrero sobre Adán su juicio pronunció:
«Porque escuchaste tú la voz de la mujer
Y del fruto de ese Árbol has comido
Del que te ordené diciendo: “De él no comerás”,
Maldito queda el suelo por tu culpa, en miseria
Comerás de él el tiempo entero de tu vida;
Cardo, espinos, te dará que no pediste
Y la hierba comerás tú de los campos,
Con el rostro sudoroso comerás el pan
Hasta que a la tierra vuelvas, pues tomado
Fuiste tú del suelo: de él naciste,
Pues eres polvo, y al polvo has de volver».
Así juzgó él al hombre, Juez y Salvador al tiempo,
Y el azote de la muerte, proclamada ya ese día,
Lo puso lejos. Apiadándose después de cómo estaban,
Tan desnudos a los aires, que ahora cambio
Grande sufrirían, no se opuso ya a tomar,
Desde ese instante, la figura del sirviente,
Como cuando a sus sirvientes les lavó los pies[291].
Así ahora, como padre de familia les vistió
La desnudez con pieles de animales, o matados,
O bien cual la serpiente, cuyas capas la renuevan.