El paraíso perdido
El paraíso perdido Se escurrió que había cerca y, cambiando forma
Por espiar el resultado, vio su acto malicioso
Secundarlo Eva, aunque ignorante por completo,
En su consorte; su vergüenza vio buscar
Las vanas coberturas; pero, viendo descender
Al Hijo del Señor para juzgarlos, aterrado
Huyó, sin esperanza de escapar, mas eludiendo
Lo presente: criminal, temía aquello que su ira
Súbita pudiera ocasionarle. Ya pasado, retornó
De noche y, escuchando al afligido par
Sumido en triste plática y diverso planto,
Conoció su propio sino, que tomó por cosa
Venidera, no inmediata. Con euforia
Y cargado de noticias, al Infierno retornaba ahora
Y a la vera del Caos, junto al pie del nuevo,
Milagroso Pontificio[301], por sorpresa halló
A quienes para hallarlo ya venían, sus retoños.
Gozo grande trajo aquel encuentro y, a la vista
Del pasmoso puente, aun su gozo le creció.
Rato estuvo embelesado, hasta que Pecado, bella
Hija suya encantadora, su silencio así rompió:
«Oh Padre, éstos son, magníficos, tus actos,
Tus trofeos, que tú ves cual si ajenos,
Siendo tú su Autor y básico Arquitecto:
Pues tan pronto como supe yo en mi corazón