El paraíso perdido
El paraíso perdido En el hombre castigado, para contentarse su rigor
Nunca contentado? De este modo extendería
Su sentencia más allá del polvo y ley de la natura,
Por la cual las causas todas siempre actúan
Según la recepción del acto material,
No la extensión de su privada esfera[322]. Mas qué,
Si muerte no es un golpe solo, como creo,
Que te priva del sentido, sino miseria interminable
Desde hoy en adelante, que percibo ya nacida
Dentro y fuera de mi ser, y así prosigue
A perpetuidad. ¡Ay de mí!, que el miedo
Vuelve atronador y trae revuelta tremebunda
A mi cabeza desvalida. Ambos, Muerte y yo
Eternos hallo, y los dos unidos en un cuerpo,
No en mi sola parte, pues en mí completa
Mi posteridad está maldita: bello patrimonio
El que os lego, hijos. ¡Ay, si fuera yo capaz
De disiparlo todo solo, sin dejaros nada!
Así desheredados, ¡cuántas bendiciones sobre mí,
Que ahora maldecís! ¿Por qué la humanidad,
Por culpa de uno sólo, debe así inocente condenarse,