El paraíso perdido
El paraíso perdido Si inocente? Mas de mí ¿qué puede proceder,
Sino cosa corrompida, vil en mente y voluntad,
No sólo para hacer, sino querer lo mismo
Que yo quise? ¿Cómo pues alzarse, exculpados,
A los ojos del Señor? Tras todo mi debate, a Dios,
Forzado, absuelvo. Todas estas vanas evasiones
Y razones, aunque dédalos, me llevan siempre
A mi propia convicción: primero y último,
En mí, en mí sólo, como fuente y causa
De la corrupción, toda culpa cae legítima;
¡Caiga así la cólera también! ¡Grato anhelo!
¿Podrías soportar la carga, más pesada que la Tierra,
Que el mundo todo más pesada, aunque repartida
Con la mala hembra? Así pues, lo que tú deseas,
Lo que temes, por igual destruye la esperanza
De un refugio y te proclama miserable
Más allá de todo ejemplo, ya pasado o por venir,
Comparable sólo a Satanás, en crimen y condena.
Oh conciencia, en qué abismo de temores
Y de horrores me has sumido, del que no hallo
Escapatoria, y caigo más y más profundo».