El paraíso perdido
El paraíso perdido A los que afligía su reinado y, prefiriéndome,
Su poder supremo con poder adverso confrontaron,
En dudosa liza en los Campos del Empíreo,
Haciéndole temblar el Trono. ¿Qué, si cejamos?
No todo está perdido; la inconquistable voluntad
Y planes de venganza, odio inmortal
Y un coraje que jamás se rinde o cede:
¿Y qué otra cosa es no estar vencido?
Esa gloria nunca su ira o su poder
Tendrán de mí. Doblarme y pedir merced
Con rodilla suplicante, y su poder deificar
Quien con terror, el de este Brazo, hace poco
Cuestionó su imperio, eso sí sería miserable;
Eso sí sería una ignominia y deshonor, aparte
De ruina, puesto que el destino impide flaquear
La fuerza de los Dioses y esta empírea substancia;
Puesto que por la experiencia de este lance
—En armas no peores, mas en previsión mejores—
Con próspera esperanza cabe disponer
Librar por maña o fuerza eterna guerra
Inconciliable contra nuestro fiero enemigo,
Que ahora triunfa y en el colmo de su gozo,
Reinando solo, es la Tiranía del Cielo».