El paraíso perdido
El paraíso perdido Rompiendo el hórrido silencio dijo:
«Si tú eres él —¡mas cuán caído!, qué distinto
De él, quien en los Reinos de la Luz felices,
De trascendente resplandor vestido, superabas en fulgor,
Aun fulgentes, a legiones—, al que mutuo pacto,
Aunada mente y persuasiones, misma esperanza
Y riesgo en la gloriosa empresa
Me unió una vez y al que ahora me une la miseria
En ruina idéntica: ya ves qué pozo,
De qué altura hemos caído; tan potente ha resultado
Aquél del Trueno… y hasta entonces ¿quién creyó
Sus armas tan atroces? Pero no por ellas,
Ni por lo que el Víctor formidable en su furor
Pudiera aún causarnos, me arrepiento o cambio
(Si bien cambiada en lustre externo) esta mente fija
Y mayúsculo desprecio —fruto de herido mérito—
Que contender me hizo con el más potente,
Arrojando a la fiera controversia
Fuerzas incontables de Espíritus armados