El paraíso perdido
El paraíso perdido Que, no luz, sino visible oscuridad ofrecen
Sólo para exhibir escenas de aflicción,
Regiones de infortunio y dolientes sombras que la paz
Y tregua evitan siempre, y nunca toca la esperanza
Que a todos viene; incesante es el martirio
Que asola esos pagos, e ígneo Magma alimentado
De Azufre siempre ardiendo, nunca extinto[61]:
Tal paraje la Justicia Eterna preparó
Para aquellos sublevados y aquí su cautiverio decretó
En total tiniebla, a su suerte abandonados,
Apartados del Señor y luz del cielo
Tres veces lo que distan centro y polo más lejano[62].
¡Qué distinto este lugar del que cayeron!
Allí a sus compañeros de desplome, al albur
De oleadas, remolinos, tempestuoso fuego,
Pronto los distingue y, revolviéndose a su lado,
A uno próximo en poder y próximo también en crimen,
Conocido luego en Palestina y llamado
Belcebú[63]. A él el Archienemigo[64]
(En el Cielo ya llamado Satanás) con verbo bravo,