El paraíso perdido
El paraíso perdido La más bella de los bosques, ciervo y cierva,
Que veloces escapaban a la puerta oriente.
Lo observó Adán, siguiendo con los ojos
La carrera, y le dijo a Eva no sin turbación:
«Oh Eva, nuevos cambios nos aguardan,
Que por estos signos mudos muestra el Cielo
En la Natura, precursores de sus planes, puede,
O advertencias por sentirnos tan a salvo
De condena, viendo que la muerte queda postergada:
Cuánto, y qué será hasta entonces nuestra vida,
Quién lo sabe, o sabe nada aparte de esto: somos polvo,
Y a él retornaremos para no ser más.
¿Por qué, si no, la doble escena a nuestra vista,
Presa perseguida por los aires y los campos,
A la misma hora, misma ruta? ¿Por qué en el este
Hay tinieblas sin mediarse el día, y luz del alba
Más oriente[338] prende aquella nube occidental
Que por el azur arrastra su blancor radiante,
Y desciende lenta, cual portando flete empíreo?».
No erraba, pues en ésta la cohorte empírea