El paraíso perdido
El paraíso perdido Que yo, que traje muerte a todo, sea declarada
Fuente de la vida; generoso luego tú,
Que título tan alto accedes a otorgarme
Mereciendo otro tan distinto. Mas el campo
Al trabajo ya nos llama con sudor impuesto,
Aun tras noche insomne, pues observa el alba
Que, insensible a los desvelos, sonriendo
Empieza su rosáceo andar. Partamos pues,
Sin que yo de tu costado me separe nunca,
Dondequiera la labor transcurra, aunque ahora
Trabajosa, hasta el fin del día. Si aquí moramos,
¿Qué podría ser ingrato en veredas tan hermosas?
Vivamos pues aquí, caídos mas contentos».
Esto dijo, esto quiso la humillada Eva, mas el hado
No lo rubricó: primero dio señales la Natura
En las aves, bestias, aires; aire eclipsado de repente
Tras albor muy breve. Luego, cerca de Eva,
El pájaro de Jove[336] se lanzó desde su aérea torre
Tras dos aves pintas, rápidas delante de él;
De los montes descendió el selvático monarca[337],
Convertido en cazador tras la gentil pareja,