El paraíso perdido
El paraíso perdido Mas esta preeminencia la has perdido, trasplantado
A la morada en suelo llano, con tus hijos.
No dudes, sin embargo, que en llanura y valle
Mora Dios igual que aquí, y lo hallarás también
Presente y su presencia en muchos signos
Que contigo irán, aún envolviéndote
En bondad y paternal amor, su rostro manifiesto
Y de sus pasos, la divina estela.
Y para confirmarte todo ello y que lo creas
Antes de partir de aquí, mira que me envían
Con misión de revelarte lo que está por acaecer,
A ti y tu descendencia; de lo bueno con lo malo
Espera oír, la suprema gracia peleando
Con la humana transgresión; de ello aprenderás
Paciencia pura y a templar con miedo el gozo
Y con tristeza pía, habituado por igual,
En la mesura, a aguantar cualquier estado,
Próspero o adverso. Así conducirás
Tu vida más segura y estarás mejor dispuesto
Al mortal pasaje, cuando llegue. Sube, pues,
A este monte; deja a Eva (cuyos ojos cierro)
Aquí dormida, mientras tú despiertas previdente: