El paraíso perdido
El paraíso perdido De los ojos, que pusiera el falso fruto con promesa
De visión más clara; luego el nervio visual le purga,
Con eufrasia y ruda[361], pues tenía mucho que mirar;
Y tres gotas le instiló del manantial de vida.
Tan hondo penetró el poder de tales ingredientes
—Hasta el mismo núcleo de visión mental—,
Que cerrando Adán ahora los ojos a la fuerza,
Desmayó de súbito, en trance todos sus espíritus.
Mas gentil el Ángel, enseguida por la mano
Lo levanta y llama de este modo su atención:
«Adán, tus ojos abre ya y empieza por mirar
Las consecuencias de tu crimen primordial
En unos que saldrán de ti y jamás tocaron
El excluido Árbol, ni con la Serpiente conspiraron,
Ni pecaron tu pecado, mas de tu pecado viene
Corrupción que engendrará actos más violentos».
Adán abrió los ojos para ver un campo,
Parte arable y cultivada, con gavillas esparcidas