El paraíso perdido
El paraíso perdido A su lúgubre cubil, penosos todos; aunque más terribles
A la entrada que cruzado ya el umbral.
Algunos, como viste, por violento golpe morirán,
Por hambre, fuego o agua; por exceso otros
En comidas y el beber, lo que en la Tierra causará
Dolencias pavorosas, de las que legión monstruosa
Ante ti aparecerá, por que conozcas la miseria
Que Eva tu consorte, con su falta de abstinencia
Portará a los hombres». De inmediato, un lugar
Apareció delante de sus ojos, triste, fosco, fétido,
Un lazareto parecía en que venían a parar
Enfermos incontables, todas las dolencias
De punzante espasmo, rábida tortura, el dolor
Del corazón en agonía, toda especie enfebrecida,
Convulsiones, epilepsias, los catarros fieros,
Piedra intestinal y úlceras, los cólicos,
El demoniaco frenesí, melancolía destructora,
La lunática locura, las perláticas atrofias,
Los marasmos y la pestilencia, tan devastadora,
Las hidropesías, asmas y reumáticos tormentos.
Espantosos los temblores, hondos los gemidos: