El paraíso perdido
El paraíso perdido Primero, herramientas; luego, piezas cualesquiera
Modeladas o licuadas en metal. Tras éstos,
Pero en parte más cercana, una clase diferente
De las altas, próximas montañas —su morada—
Descendió a los llanos. Por su aspecto,
Hombres justos parecían, y su anhelo todo era
Adorar a Dios veraces, conocer sus obras
No escondidas, sobre todo aquellas que preservan
La concordia y libertad del hombre. Por el llano
Largo tiempo no pasaran, mas ahora de las tiendas
Sale un grupo de mujeres bellas; ricas prendas
Y festivas, joyas visten frívolas. Al son del arpa cantan
Sus letrillas amorosas y danzando se aproximan.
Los hombres, aunque graves, las contemplan;
A sus ojos dejan deleitarse, que en la red de amor
Prendidos quedan: cada cual elige su pareja.
Y de amores ahora tratan, hasta que la estrella vespertina
Surge, heraldo del amor; entonces, exaltados,
La nupcial antorcha encienden, mandan invocar
A Himeneo[364], nunca antes invocado en rito marital: