El paraíso perdido
El paraíso perdido Ante el Señor, en menosprecio de los Cielos,
O exigiéndole a los Cielos el vicario señorío:
Y de rebelión derivará su nombre,
Aunque acuse a los demás de rebeldía.
Éste con caterva unida a él o bajo él
Por idéntica ambición de dominar,
Marchando desde Edén al occidente, topará
Con la llanura donde un negro vórtice bituminoso
Brota del subsuelo con borbor, boca del Averno.
De ladrillo y ese material deciden erigir
Ciudad y torre cuya cima alcance el Cielo
Y a ellos dé renombre, no sea que disperso lejos
Por países extranjeros muera su recuerdo
Con la buena o (da lo mismo) mala fama.
Pero Dios, que baja con frecuencia a visitar al hombre,
Invisible, y recorre sus moradas todas
Para inspeccionar sus obras, pronto los descubre
Y desciende a ver tal urbe, antes que su torre
A las torres importune del Empíreo. Por escarnio,
En sus lenguas siembra división, borrando
Entero su primer lenguaje, que cambia
Por sonidos discordantes de palabras ignoradas.