El paraíso perdido
El paraíso perdido ¿Qué importa dónde, si aún soy el mismo
Y lo que he de ser, sólo menos que ése
Al que el Trueno hace superior? Aquí al menos
Somos libres; el Omnipotente por envidia
Yermo tiene este lugar: no ha de echarnos de él.
Aquí seguros reinaremos y según lo juzgo
Digno anhelo es el reinar, incluso en los Infiernos:
Mejor reinar en el Infierno que servir en el Empíreo.
¿Mas por qué dejar a nuestros fieles compañeros,
Socios y partícipes en nuestra pérdida,
Yacer así aturdidos en el lago del olvido
Sin llamarlos a tener su parte
En la mansión desventurada; o de nuevo
En armas congregados ver qué pueda recobrarse
Aún del Cielo, o perderse todavía en el Abismo?»
Así habló Satán y Belcebú le respondió:
«Caudillo de estos fúlgidos ejércitos
Que sólo el Todopoderoso derrotar podía,
Si oyen esa voz, su esperanza más segura
En apuros y temores, escuchada tantas veces
En trances, los peores, y en la cresta peligrosa
Del combate cuando rabia, en todos los ataques