El paraíso perdido
El paraíso perdido Con armadura espiritual, capaz de resistir
Embates de Satán y de extinguir sus ígneos dardos.
Los ataques de los hombres no los temerán,
Aunque los maten, protegidos como están
Por consuelos interiores contra tales impiedades
Y a menudo sostenidos de manera que confunda
A sus enemigos más feroces: pues el Espíritu,
Primero infuso en sus apóstoles, que mandará
Llevar el Evangelio a las naciones, luego en todo
Bautizado, les conferirá presentes milagrosos,
Que hablen toda lengua, hagan todos los milagros,
Cual hiciera su Señor ante sus ojos. Ganan pues así
Por todas las naciones grandes multitudes,
Que reciben entusiastas la noticia celestial: al fin,
Cumplido el ministerio, bien corrida su carrera,
Tras dejar su historia escrita y su doctrina,
Mueren. Mas en su lugar entonces, cual previeran,
Lobos entran por maestros, lobos ávidos[387],
Que todos los misterios de los Cielos
Tornan en infame beneficio propio, su avidez
De lucro y ambición, maculando la verdad