El paraíso perdido
El paraíso perdido No debemos demorarnos; ve, despierta a Eva,
A quien también con dulces sueños he calmado
Que presagian bien, y todos sus espíritus dispuse
A una humilde sumisión. Tú, oportunamente,
Déjala participar de todo lo aprendido hoy,
En especial lo que concierne a su fe de conocer,
La gran liberación por su semilla que advendrá
(Por Semilla de Mujer) a la entera humanidad:
Que así podáis vivir —no escasos vuestros días—
Ambos juntos en fe unánime, aunque tristes
Por los males ocurridos, pero muy reconfortados
Cada vez que meditéis en el final feliz».
Terminó, y del monte descendieron ambos;
Descendido, Adán se apresuró al cobijo
Donde Eva se durmiera, mas la halló despierta ya.
Y así lo recibió, hablando sin tristeza:
«De dónde vienes yo lo sé, y adónde fuiste;
Pues el dormir ocupa Dios también y al sueño instruye,
Que mandó propicio, presagiando algún
Gran bien, tras caer dormida con congoja
Y abatido el corazón. Mas guíame ahora ya,
No hallarás en mí demora, pues marchar contigo
Es quedarme aquí; aquí sin ti quedarme