El paraíso perdido
El paraíso perdido Es marcharme sin quererlo. Eres a mis ojos
Todo bajo el cielo, toda cosa, todo espacio, tú,
Que por mi crimen obstinado pierdes el Edén.
Y, sin embargo, este último consuelo me acompaña:
Que, aunque todo se ha perdido por mi culpa,
Un favor tan grande, indigna, se me otorga
Que por mí la Semilla Prometida todo repondrá también».
Esto dijo Eva nuestra madre y complacido Adán
Lo oyó, mas nada le responde; pues muy cerca ahora
Está el Arcángel, y en brillante formación
A sus prescritas posiciones desde el otro monte
Ya descienden los Querubes, deslizándose
Por el terreno meteóricos, cual bruma vespertina
Que al subir del río cubre el tremedal deslidadiza,
Ocultando rauda el suelo tras los pasos del labriego,
Que camino va de casa. Iba en alto por delante
La blandida espada del Señor, fulgiendo
Fiera cual cometa que con tórridos ardores
Y humo semejante al aire férvido de Libia,
Empezaba ya a abrasar aquel templado clima;