El paraíso perdido
El paraíso perdido Y así tomó de cada mano el Ángel presuroso
A nuestros padres tardos, y al Portal del Este
Recto los condujo; luego, con igual premura,
De la altura al llano sometido y vaneciose entonces.
Ellos, al mirar atrás, todo el lado oriente vieron
Del Paraíso, poco hacía su feliz morada,
Sobre la que ahora tremolaba aquella llama
Y cuya Puerta vigilaban fieras faces, armas ígneas.
Unas lágrimas vertieron, naturales, pronto limpias:
Tenían todo el mundo ante sus ojos, en que hallar
Remanso ameno, y la Providencia como guía.
Cogidos de la mano y con lentos pasos vagabundos
A través de aquel Edén su senda solitaria comenzaron.