El paraíso perdido
El paraíso perdido Un brillo equívoco. Mas éste recobrando pronto
El propio orgullo, con hinchada verba que ostentaba
Dignidad fingida, no substancia, levantó gentil
Su coraje desmayado y disipó sus miedos.
Luego enseguida manda que, al clamor guerrero
De trompetas y clarines fuertes, sea alzado
Su estandarte poderoso. Este gran honor lo pide
Azazel (que su derecho invoca), un Querube alto,
Que veloz del mástil fúlgido despliega
La imperial enseña[88]: brilla ésta en alto
Como bólido que desmelena el viento,
Blasonada en oro y ricas gemas,
Con seráficos trofeos y armas: mientras,
El metal sonoro exhala sones belicosos
Y la hueste universal responde alzando
Un grito que desgarra el cóncavo de los Infiernos,
Asustando a Caos y Noche anciana en su propio reino.
En un solo instante a través de aquellas brumas
Diez millares de oriflamas se levantan en el aire,
Tremolando de espléndidos colores; y con ellas
Surge un bosque colosal de lanzas, yelmos incontables
Y escudos prietos en compacta formación