El paraíso perdido
El paraíso perdido De espesor incalculable. Y ya desfilan
En íntegra falange al ritmo dórico
De flautas y clarines suaves, como el que elevó
A pináculos de temple noble a los héroes de antaño
Al armarse para el combate, inspirándoles,
En vez de rabia, un valor deliberado, firme
Ante el pánico mortal, inmune a la abyecta huida;
Mas no exento del poder de apaciguar,
Con solemnes notas, tristes pensamientos y espantar
Angustia y duda y pena y daño y miedo
De mentes ya mortales o inmortales. Así ellos,
Exhalando fuerza unida y decisión,
Marcharon en silencio al son de suaves gaitas
Que sus pasos crueles sobre el suelo ardiente calma;
Y ahora, ya a la vista, se detienen: erizado frente
De largor temible y armas deslumbrantes, al estilo
De los rancios campeones, firme escudo y lanza,
Esperando la orden que el Caudillo poderoso
Quiera darles: éste, a través de las armadas filas
Lleva su capaz mirada y pronto tiene examinado