El paraíso perdido
El paraíso perdido El batallón completo, su orden recto,
Sus rostros y estatura como Dioses;
Su número por fin calcula. Y ahora el corazón
De orgullo se le hincha y, duro en su poder,
Exulta, pues tras la creación del hombre nunca
Hubo fuerzas semejantes, comparadas con las cuales
Todas otras fueran como aquella infantería de pigmeos
Atacada por las grullas[89]; aunque la prole gigantesca
En Flegra[90] se sumase a la estirpe heroica
Que en Tebas combatió y en Ilión, nutrida cada parte
De Dioses auxiliares; y lo que resuena
En romance o fábula del hijo de Uther[91]
Rodeado de los paladines de Britania o Armórica[92];
Y todos los que luego, bautizados o infieles,
Justaron en Aspramonte o Montalbán,
Marruecos, o Damasco, o Trebisonda[93],
O los que envió Biserta[94] desde orillas africanas
Cuando Carlomagno con sus Pares fue vencido
Cerca de Fuenterravía[95]. Tan por encima éstos
De cualquier mortal proeza, mas sumisos