El paraíso perdido
El paraíso perdido Que el Infierno dé riquezas tales: ese suelo
Más merece la preciosa maldición. Y aquí, que aquellos
Dados a exaltar las cosas transitorias, fascinados
Por Babel, o las obras faraónicas de Menfis,
Sepan que los monumentos más excelsos en renombre,
Arte o fuerza fácilmente los superan
Los Espíritus malditos, que en una hora hacen
Lo que una era humana y manos incontables,
Con trabajo interminable, apenas pueden.
Cerca en la planicie, en múltiples crisoles predispuestos
Que tenían por debajo venas de fluido ígneo
Derivadas del pantano, otra multitud,
Con arte insólito, fundía la masiva mena
Separando cada cosa y la escoria desnataba de oro:
El tercero de los grupos rápido formó en el suelo
Un molde vario y del hervor de los crisoles,
Por oculta transferencia, rellenaba cada hueco;
Así en el órgano de un solo soplo el viento
Da a todos sus cañones voz y aliento.
Pronto de la tierra, como una exhalación,
Se elevó un bloque formidable, con sonido