El paraíso perdido
El paraíso perdido Del panal y por el fresco del rocío y entre flores,
Vienen, van, o por la tabla bien bruñida,
Arrabal de su ciudad de paja,
Con bálsamo recién lustrada, vagan y platican
De asuntos del Estado. Tan tupida pues la aérea masa
Hervía incómoda; hasta que llegó señal
Y, ¡oh portento!, los que antes parecían
Superar en estatura a los Gigantes, hijos de la Tierra,
Ahora que enanos más pequeños en espacio estrecho,
Innumerables, se apretujan; cual pigmeos
Más allá de la india cordillera, o los elfos,
Cuya juerga a medianoche al linde de los bosques,
Cerca de las fuentes, ve un labriego rezagado,
O que ha visto sueña, mientras una Luna arbitra
En lo alto y su pálida carrera hacia este mundo
Inclina: mas aquéllos, en su fiesta y danza
Absortos, con jocunda música le embrujan el oído
Y el pecho le palpita con delicia y temor fundidos.
De tal modo los Espíritus etéricos a formas diminutas