Paraiso perdido
Paraiso perdido De la luz se muestra y de los muros de los Cielos
Irradia lejos hasta el seno de la Noche vaga
Una aurora trémula. Pues aquí Natura empieza,
Su orilla limitánea, y Caos recede
Como de sus obras avanzadas agresor frustrado
Con menor tumulto y menor fragor adverso;
Aquel Satán, con menos pena, y ahora con soltura,
Flota en la ola calma, por la luz incierta,
Y cual barco zozobrado llega bien contento
A puerto, aunque con obenques y poleas rotos;
O en el éter solitario, similar al aire,
Pende con extensas alas quietas, contemplando en calma
El distante Empíreo, que se expande vasto
Alrededor —acaso círculo, quizá cuadrado—,
Con torres opalinas y almenas adornadas
De Zafiro vivo, en otro tiempo patria suya;
Y justo allí, colgando de cadena áurea,
Este mundo pénsil, en tamaño como estrella
De pequeña magnitud junto a la Luna.
Hacia él, ahíto de perversa saña,
Maldito y en maldita hora, se apresura.