Paraiso perdido
Paraiso perdido Desde lejos, ahora un continente ilimitado:
Yermo, bravo y fosco, bajo el ceño de la Noche
Sin estrellas y amenaza permanente de tormentas
(Caos, que ruge alrededor) e inclemente cielo,
Salvo por el lado en que el muro del Empíreo,
Aunque muy distante, una tenue reflexión captura
De aire titilante, que no hiere tanto el fuerte oraje:
Por aquí marchó el Demonio, por los campos espaciosos.
Como buitre que, criado en el Imáus[154],
Cuya nívea cordillera al Tártaro errante encierra,
Despegando de región escasa en presa
Por cebarse de la carne de corderos o caloyos
En los montes donde pastan, vuela hacia las fuentes
Del Hidaspes[155] o del Ganges, ríos de la India,
Mas se posa de camino allá en los páramos
De Sericana[156], donde el chino a vela y viento
Su carreta lleva, hecha de bambú ligero:
Así, en tan ventoso mar de tierra, el Demonio