Paraiso perdido
Paraiso perdido Difícil es decirlo) a la Luminaria Grande,
Que apartado de tupidas, tópicas constelaciones,
A distancia requerida de su ojo señorial,
Dispensa luz de lejos. Ésas, al mover
Su danza astral en números que cuentan
Días, meses y años, hacia Su lucero todoamante,
Realizan rápidas sus giros varios o las gira,
Magnético, su rayo, que gentil calienta
El universo y en toda parte interna
Con sutil penetración, si bien oculta,
Su recóndita virtud inyecta, en el abismo incluso:
Tan magnífica la posición del Astro.
Ahí se posa el Demonio, una mota acaso
Que ningún astrónomo en la esfera fúlgida del Sol
A través del tubo óptico[169] vio jamás.
El lugar lo halló de inefable resplandor,
Comparado con cualquier metal o piedra;
No igual en todas partes, mas infuso por igual
De luz radiante, como hierro al rojo vivo:
Si metal, en parte oro parecía, plata en parte límpida;
Si piedra, más carbunclo, o crisólito,
Ya rubí o topacio, o las doce que brillaron