Paraiso perdido
Paraiso perdido Y que en él y en toda cosa —cual compete—
Podamos alabar al Hacedor Universal,
Que con justicia ha arrojado los rebeldes
Al Infierno más profundo remediando el daño
Con la nueva, la feliz estirpe de los hombres,
Que mejor han de servirle: sabias son sus sendas.»
Así habló el falso fingidor, incógnito,
Pues hombre o Ángel no consiguen discernir
La hipocresía, la única maldad que marcha
Invisible, salvo sólo para Dios,
Por su anuencia, en los Cielos y la Tierra.
Y aunque vele la sabiduría, a menudo duerme la sospecha
A la puerta del saber cediendo su función
A la inocencia, mientras la bondad el mal no ve
Donde males no parecen; lo que ahora a Uriel
Engatusó, aunque del Sol Regente, y tenido
Por el más sagaz Espíritu del Cielo.
Éste al mendaz Suplantador impúdico,
Honesto como era, así le dio respuesta:
«Bello Ángel, tu deseo tiende a conocer
Las Obras del Altísimo, loando así
Al magno Obrador: no lleva pues a exceso
Que conlleve tacha, y más bien merece aplauso