Paraiso perdido
Paraiso perdido Se abre vasto todavía y amenaza devorarme,
Haciendo que parezca Cielo el Infierno que padezco ya.
Cesa entonces pues: ¿no queda ni un lugar
Para la contrición, para el perdón no queda?
No sin sumisión; y tal palabra
El desdén me la prohíbe y el temor a la vergüenza
Entre los Espíritus de abajo, que seduje
Con promesas bien distintas y otra vanagloria
Que la sujeción, presumiendo de vencer
Al Todopoderoso. ¡Ay de mí!, qué poco saben
Lo carísimo que pago alarde tan banal
Y bajo qué tormentos peno en mis adentros:
Mientras ellos me veneran en el Trono del Infierno
Con diadema y cetro enaltecido,
Más abajo caigo y soy supremo sólo
En la miseria: gozos tales la ambición te porta.
Mas digamos que pudiese arrepentirme
Y obtener por Gracia mi anterior estado; pronto
Mi altura evocaría altiva idea y qué pronto
Negaría los fingidos juramentos, recusando la molicie
Votos hechos en dolor, por vacuos y forzados.