Paraiso perdido
Paraiso perdido Árbol céntrico, el más alto que allí crecía,
Se posó cual cormorán[185]; mas no vida verdadera
Recobró con ello: quedó la muerte maquinando
Para aquellos que vivían; tampoco en la virtud pensó
De la planta que da vida; sólo la empleó
Como atalaya: bien usada, fuera garantía
De inmortalidad. Tan poco sabe nadie,
Salvo Dios, el íntegro valor
Del bien que tiene a mano y condena las mejores cosas
Al peor de los abusos o a perverso uso.
Abajo ahora, nuevo asombro, Satanás contempla,
Ofrecida al gozo de la humana sensación,
Toda la opulencia de Natura en parco espacio,
Más incluso, Cielo en Tierra: pues bendito Paraíso
De Dios era aquel Jardín, por él plantado
Al este del Edén. Edén su línea desplegaba
Desde Haurán[186] al este hasta las regias torres
De la gran Seleucia, erigida por los reyes griegos,
O donde mucho antes edenitas habitaron