Paraiso perdido
Paraiso perdido Toda senda para hombre o bestia que pasara.
Una Puerta sólo había, que miraba al este
Al otro lado: pero la debida entrada
El Archifelón desdeña y, ya rabioso,
De un solo, fácil salto, sobrepasa todo cerco
De montaña o muro inmenso y justo dentro
Cae de pie. Como cuando lobo al acecho,
Al que el hambre lleva a predios nuevos a cazar
Y observa dónde los pastores arredilan los rebaños,
Al ocaso en la majada, en mitad de campos resguardados,
Salta fácilmente el vallado del redil;
O cual ladrón dispuesto a desbolsar
A algún burgués adinerado, cuyas puertas sustanciales,
A cal y canto bien cerradas, no intimida asalto,
Trepa a las ventanas, o quizá por el tejado;
Así el gran primer ladrón trepó al aprisco del Señor:
Así a su iglesia desde entonces trepan viles mercenarios.
De allí evoló, y sobre el Árbol de la Vida,