Paraiso perdido
Paraiso perdido Los balsámicos botines. Tal ocurre a navegantes
Más allá del Cabo de Esperanza[182] y pasado
Mozambique: vientos soplan en el mar del noroeste
Que desde la costa azafranada de Arabia la Bendita
Traen sabeo aroma[183], y aquéllos complacidos
En su curso se demoran, y animado muchas leguas
Por la grata emanación sonríe el viejo Océano.
De este modo rezagaba la dulzura de la brisa
Al Demonio, del lugar la maldición,
Aunque más placía aquel olor que a Asmodeo[184]
El del pescado que, si bien enamorado,
De la esposa de Tobías lo alejó, mandándolo frenético
Desde Media hasta el Egipto, su prisión.
Ya hasta el cerro aquel de fiera escarpadura
Satán llegara, lento y pensativo.
Pero más camino allí no vio, tan densa e intrincada,
Cual único matojo prolongado, era la espesura
Ya de arbusto o tortuosa zarza que cegaba