Paraiso perdido
Paraiso perdido No lo hubiese al fin librado a sus negras ambiciones:
Que pueda amontonar, con reiterado crimen,
Maldiciones sobre sí mientras persigue
El mal de otros, y furioso pueda ver
Cómo toda su malicia sirve sólo a la creación
De bondad ilimitada y gracia, derramadas
Sobre el hombre que él sedujo; para él mismo
Sin embargo, triple ruina, rabia y saña.
De pronto erguido, eleva de la charca
Su potente envergadura; llamas de ambas manos,
Aventadas hacia atrás, sus vértices inclinan y, rodando
En ondas, dejan en el medio un valle hirsuto.
Después, las alas extendidas, vuela
Hacia lo alto, gravitando en el aire penumbroso,
Que siente el peso insólito, hasta que en terreno seco
Pone pie, si tierra ardió alguna vez
Con fuego sólido, cual con líquido el lago;
Y era su apariencia como cuando la pujanza
De un viento subterráneo transporta un monte
Arrancado del Peloro o el flanco destrozado