Paraiso perdido
Paraiso perdido Del Etna atronador[68], cuyas entrañas combustibles
Bien cebadas, concibiendo fuego
Sublimado por la furia mineral, ayudan a los vientos
Y un fondo dejan todo envuelto
En humo y en hedor: apoyo tal halló la planta
Del pie maldito. Lo siguió su camarada,
Engreídos ambos por huir del Magma Estigio
Como Dioses, por su propia fuerza recobrada
Y no por tolerancia del Poder superno.
«¿Es ésta la región, el suelo, el clima
—Dijo entonces el perdido Arcángel—, éste el sitial
Que a cambio recibimos de los Cielos, esta triste sombra
Por aquella luz celeste? Sea, puesto que aquel
Que ahora es Soberano puede declarar
Qué es lo recto: pues mejor cuanto más lejos
Del que siendo en razón igual, supremo reina por la fuerza
Sobre iguales. ¡Hasta siempre, Campos venturosos
Donde es eterno el gozo! ¡Salve horrores, salve
Mundo infernal! Y tú, profundo Averno,
A tu nuevo Dueño acoge: alguien que trae