Paraiso perdido
Paraiso perdido Entre toda vuestra turba los más bajos; o si conocéis,
¿Por qué inquirís y empezáis superfluos
El mensaje, que acabará seguro igual de vano?»
Y al desaire con desaire respondiendo, así Zefón:
«No supongas, sublevado Espíritu, tu forma igual
O tu fulgor sin merma para ser reconocido
Como cuando estabas en el Cielo, erguido y puro;
Pues tu gloria, al cesar de ser benigno
Te dejó y ahora a tu pecado te pareces
Y al lugar de tu condena, inmundo y tenebroso.
Mas ven, pues has de responder sin falta
A aquel que nos envía y cuyo cargo es mantener
Intacto este lugar y a éstos libres de perjuicio».
Así habló el Querube y a su grave reprensión,
Severa en juvenil belleza, añadió invencible
Gracia: azorado el Demonio se quedó,
Sintiendo qué sublime es la bondad, y vio
Qué bella en su figura la virtud, la vio y penó