Paraiso perdido
Paraiso perdido Por la fuerza a su apariencia propia: y Satán se sobresalta,
Sorprendido y descubierto. Como chispa
Que se enciende en nítrico montón, dispuesto
Para ser entonelado, almacenado por rumor
De guerra, y el negruzco grano con difuso
Y súbito destello el aire inflama,
Así saltó el Demonio recobrando su figura.
Recejaron los dos Ángeles hermosos medio atónitos
Al ver de pronto al siniestro Rey;
Impávidos, no obstante, pronto lo abordaron:
«¿Qué Espíritu rebelde de los condenados al Infierno
Viene así, escapado de prisión? Y transformado
¿Por qué sentado ahí como enemigo en guardia
A la cabeza aguardas de estos dos que duermen?».
«¿No me conocéis? —repuso aquél, ahíto de desprecio—
¿Así no conocéis al que una vez tuvisteis por tan alto
Que no osabais ascender adonde él holgaba?;
Que no me conozcáis desconocidos os delata,