Paraiso perdido
Paraiso perdido Ninguna propia, dadas ambas: qué absurdo pues
Jactarse, si tus armas sólo pueden lo que el Cielo
Les permita, y así las mías, aunque ahora bien capaces
De pisarte como cieno: y por prueba mira arriba,
Lee tu destino en ese signo celestial
En que eres calibrado: qué trivial, qué ligero,
Si resistes». El Demonio alzó la vista y supo
Su platillo levantado: sólo eso, mas huyó
Murmurando y, con él, las sombras de la noche.