Paraiso perdido
Paraiso perdido Como el Atlas inmutable o Tenerife:
Su estatura toca el cielo, y su cresta
El Horror la empluma; y no faltaba al puño
Lo que lanza parecía y aun escudo: gestas portentosas
Ahí siguieran, y no sólo el Paraíso
En esta conmoción, sino la cúpula estelar
Del cielo acaso, y elementos al completo
Al fin se hicieran ruina, desgajados y partidos
Con la furia del conflicto, si el Eterno pronto,
Para conjurar combate tan horrible,
No colgara su balanza áurea[205] allá en los Cielos,
Aún visible entre el signo de Astraea y Escorpión,
Donde todo ser creado Dios pesó primero,
Con la Tierra pénsil y redonda en aire suspendida
Como tara, y calibra ahora todo evento,
Reinos y batallas. En aquélla pone dos pesadas,
El efecto de partirse y de luchar;
Asciende rauda la final y al fiel golpea;
Percibiéndolo Gabriel, así al Demonio dice:
«Satán, tu fuerza yo conozco y tú la mía,