Paraiso perdido
Paraiso perdido De las Puertas mal cerradas del Infierno».
Así lo amenazó, mas a amenaza indiferente
Satanás, creciéndole la rabia, replicó:
«Cuando sea tu cautivo habla de cadenas,
Arrogante Ángel limitáneo, pero antes
Carga mucho más pesada espera tú sentir
De mi brazo descollante, aunque el Rey del Cielo
Monte en tus alas y tú con tus cofrades,
Hecho al yugo, tires de sus ruedas triunfadoras
Por la ruta de los Cielos que los astros pavimentan».
Al hablar así, el angélico escuadrón brillante
Se tornaba rojo fuego y afilaban las falanges
Sus lunados cuernos, empezando a rodearlo
Con las lanzas enristradas, tan compactas
Cual trigal de Ceres ya maduro que acamase
Sus espigas aristadas hacia el lado que los vientos
Les obligan; el labriego ansioso las observa:
Teme que en la era sus gavillas promisorias
No resulten más que broza. Alerta en cambio Satanás
Y recabando toda su pujanza, se mostró expandido,