Paraiso perdido
Paraiso perdido Pues tenía el sueño tan ligero, por la pura digestión
Y los vapores blandos, temperados, que el sonido sólo
De las hojas y arroyos neblinosos, ventalle de la Aurora,
Enseguida lo ahuyentaban, y el chirrido matinal
De pájaros en cada rama. Tanto más su asombro,
Pues, al hallar a Eva aún dormida,
Con cabellos descompuestos y mejilla sonrojada
Como por descanso inquieto: apoyándose en el codo,
Alzado a medias, con miradas de profundo amor,
Se recostó sobre ella cautivado y vio
Belleza que irradiaba, ya despierta ya dormida,
Gracia peculiar; después, con voz tranquila,
Como cuando a Flora[207] Céfiro le sopla,
Tocándole la mano dulce susurró: «Despierta,
Bella mía, mi mujer, mi don reciente,
El postrero y el mejor del Cielo, mi deleite siempre nuevo.
Despierta, la mañana brilla, fresco el campo